Los retos de los cuidadores hispanos

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En la novela de Laura Esquivel Como Agua Para Chocolate, una familia tiene la costumbre de que la hija menor no debe casarse sino que debe hacerse cargo de sus padres en la vejez. En la comunidad hispana en los Estados Unidos la vida imita al arte; incluso aquellas familias con pocos recursos no han dudado en asumir el cuido sus ancianos padres, aun en contra del sentido común. Esta característica llamada familialismo tropieza actualmente con duras realidades modernas. Según Jacqueline Angel, profesora de sociología y políticas públicas en la Universidad de Texas, muchas familias hispanas luchan con las barreras del lenguaje que dificultan la navegación por el sistema de salud, y con la pobreza que limita las opciones de atención y convierte los planes de jubilación en castillos en el aire.

Los hispanos tienen un promedio de vida más largo que los afroamericanos y los blancos no hispanos, a pesar de ser más pobres y tener menos cobertura de seguros médicos; un oxímoron que ha sido bautizado cono la paradoja hispana. Al mismo tiempo, los hispanos experimentan tasas más altas de diabetes y obesidad que los blancos no hispanos, complicando el dar cuidado en casa. "La subutilización de servicios formales puede causar gran cantidad de estrés", dice María Rosa, vicepresidente del Consejo Nacional de La Raza del Instituto para la Salud Hispana. "Sin embargo, debido a las barreras del idioma, los bajos ingresos, la falta de seguro o de un genuino sentimiento de responsabilidad, los latinos continúan utilizando la familia como fuente primaria de la atención". Esta responsabilidad usualmente recae en los miembros femeninos de las familias.

Por ejemplo, Terri Hernandez-Rosales, de 46 años, vicepresidente de un grupo educativo sin fines de lucro en Los Ángeles, recuerda con cierta perplejidad como sus seis hermanos y hermanas casados y con hijos asumieron que ella, una ‘solterona’ de 30 años seria la cuidadora principal de facto de su madre de 70 años, quien había comenzado a mostrar signos de demencia. Sin embargo, ella nunca cuestionó la asignación. Mudó a su madre a un condominio cercano y luego, cuando su estado empeoró, a su propia casa. "Me enorgulleció sobremanera el aceptar la responsabilidad", dijo. "Pensé, 'O.K., este es mi camino'". Pero finalmente su madre comenzó a deambula lejos de casa y a caer, por lo que la señora Hernández-Rosales hizo lo impensable: "Cuando su condición llegó a peligrosa para su bienestar, di el paso audaz de colocarla en una pequeña residencia para personas mayores, donde ella era la única latina. " Sus hermanos y hermanas recibieron la decisión "con mucho escepticismo y pesar ", dijo la señoraHernández-Rosales.

La fórmula para la próxima generación de hispanos debe cambiar, dijo la doctora Angel: el cuidado debe convertirse en una opción para las familias hispanas con recursos, no un imperativo para todos, y las familias tienen que asegurarse de que la próxima generación de cuidadores tenga un mejor acceso a los recursos disponibles. Educación, tanto en la escuela como en términos de educación financiera y planificación, es esencial.